domingo, 29 de abril de 2007

Vι∂α ∂є Bℓαѕ ∂є Oтєяσ




Blas de Otero Muñoz, nació en Bilbao el 15 de marzo de 1916 i murió en Madrid, 29 de junio de 1979. Poeta español que se convirtió en uno de los principales representantes de la poesía social de los años cincuenta.
En su infancia después de que su familia quedara en la ruina se mudo a Madrid donde encontró su verdadera identidad escribiendo. A los trece años murió su hermano mayor y unos años después su padre cosa que sumió a Blas de Otero en una profunda tristeza que lo volvió introvertido y pesimista. Se obsesiono con el tema de la muerte y regreso a su ciudad natal. Ya en Bilbao, se encontró con que debía llevar adelante a la familia, a la vez que cursaba Derecho. La situación supuso demasiado y empezó a padecer serias crisis nerviosas. Encontró tres apoyos para mantenerse cuerdo: la religión, la amistad y el arte.
Su vida religiosa, era muy intensa. Empezó a publicar su poesía por esos años: unos versos claramente marcados por su creencia religiosa e influenciada por los místicos españoles y la literatura cristiana. Creo "Alea"; tertulia artística y punto de encuentro para intelectuales de toda índole. Después de la Guerra Civil comenzó a interesarse en la publicación de la obra de sus miembros: en Cuadernos de Alea apareció Cántico espiritual, su primera obra de cierta extensión. Y más tarde "Nuestralia"; formado por Blas de Otero y otros cuatro amigos.
El poeta se debatía entre su vocación poética y la necesidad de trabajar para mantener a su familia. En 1935 acabó Derecho. En 1941 comenzó a trabajar como asesor jurídico a la vez que veía crecer su prestigio como escritor. En 1943, incapaz de soportar el conflicto con su vocación, volvió a Madrid para matricularse en Filosofía y Letras sin embargo se defraudado y regresó a Bilbao para ayudar a su familia. Embargado por un terrible sentimiento de culpa por haber dejado atrás a su madre y hermanas quemó todos sus poemas como expiación.
En 1945 sufrió una terrible crisis depresiva que lo llevó a recluirse en el sanatorio de Usúrbil. Durante esta crisis se destruyó su bucólica visión de la amistad, su firme posición religiosa y su cándida valoración poética; sin embargo, encontró en la creación artística su mejor terapia. En estos años nacieron, casi íntegramente, las tres obras de su ciclo existencial: Ángel fieramente humano, Redoble de conciencia y Ancia.
La soledad de Blas de Otero crecía con su prestigio. Su búsqueda de un "tú" con el que dialogar había fracasado. Sin embargo, encontró una manera de mitigar su soledad cosa que significó el descubrimiento de la solidaridad humana, que terminó con su crisis y le devolvió la paz espiritual. La poesía del desarraigo pasó a ser poesía del encuentro.
Su extraño sentimiento hacia España, de amor y repulsión a la vez, lo llevó al auto exilio en París. Asumió el marxismo que le otorgó una explicación global del hombre en la historia. El descubrimiento de un prisma filosófico y vital alternativo al dominante en la España de la época le llenó de satisfacción. En París se fraguó Pido la paz y la palabra desde su nueva fe en el género humano: el verso se había convertido en una herramienta para tratar de cambiar el mundo.
Si el odio lo había llevado lejos de España, el amor le hizo volver y a finales del mismo año regresó con la firme convicción de conocer a fondo su país y tratar con el pueblo llano. Convivió y trabajó con mineros; recorrió los pueblos del interior de Castilla y León, sin apenas dinero, viviendo del trabajo y de lo que le ofrecían los amigos que iba haciendo por el camino. El compromiso que adquirió con la gente de a pie le empujó a terminar Pido la paz y la palabra y a escribir En castellano.
En 1960 viajó a la URSS y China invitado por la Sociedad Internacional de Escritores. Por esta época se publicaron (siempre fuera de España por culpa de la censura) Esto no es un libro (Puerto Rico, 1963) y Que trata de España (París, 1964). Años más tarde regresó a Madrid, donde reanudó la antigua amistad y el amor con Sabina de la Cruz. Su relación con ella duró hasta la muerte del poeta y le dio la estabilidad definitiva. Fueron días de paz espiritual, tranquilidad emocional y pasión creadora.

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